En algunas ocasiones he criticado indirectamente el sistema educativo proporcionado por el gobierno en España, y más concretamente, en Andalucía. Es un sistema que sufro en mi piel cada día, casi como si se tratase de un tatuaje. Hasta ahora nunca había presionado la delicada corteza del corrupto procedimiento y no me había centrado en ninguna característica concreta, lo aceptaba como una realidad inalterable y casi imposible de modificar. No obstante siempre existe un primer momento, y creo que ha llegado el momento de centrar el disgusto en un elemento aislado que entró hace poco tiempo en las aulas, hablo del “Proyecto Integrado“.
Hagámonos a la idea de que cada uno de nosotros fuese un infante con la mentalidad de un adulto, tendríamos en nuestras manos el poder de la decisión absoluta, habríamos alcanzado la situación de elegir qué conocimientos entrarían por nuestros oídos dirección al gran paraíso neuronal que constituye el cerebro. Matemáticas, ciencias sociales, literatura, conocimiento de hechos históricos, idiomas y una infinidad de saberes de lo más diversos estarían a nuestra disposición. Por desgracia, y saliendo ya del ensoñamiento, sería imposible regular estas decisiones de forma personal, a edades tan tempranas habitualmente uno no sabe qué desea realmente. Necesitamos un organismo mayor y mejor instruido que nosotros para que decida los conocimientos que aprenderemos en cada etapa de nuestra vida, ese organismo es el gobierno, cuya gestión en la educación está regida por el Ministerio de Educación. El sistema debería estar capacitado para elegir las mejores materias y los centros de enseñanza deberían poder grabarlas en las jóvenes mentes de forma efectiva, pero lo que “debe ser” casi nunca “es“, y este caso no es una excepción.
¿Para qué estudiar y aprender sobre la necesidad del estudio sociológico cuando podemos plantar tomates con el frío del invierno cargando a nuestras espaldas? ¿Por qué motivo íbamos a conocer en profundidad las diferencias de las ideologías políticas que existen cuando podemos ver pelis de acción reunidos con el resto del descerebrado alumnado? ¡Esta es la forma de pensar que tiene nuestro país! La experiencia es quien mueve mis palabras, no dejaré que miles de voces protectoras se abalancen contra mi persona. Describiré a continuación mis vivencias con esta pseudo-asignatura.
Hace ya un año que tuve consciencia de esta nueva materia, de ella se desprendía un abanico de oportunidades que pronto se mostrarían como una completa ilusión. En su momento, cuando tenía recién conocidas las opciones, decidí entrar en el grupo que estudiaría la asignatura de “Teatro“. Al principio ejercitábamos la imaginación y las relaciones de grupo pero pronto lo ideal sucumbió, acabamos pasando los días sentados en duras sillas frente al monitor del PC, tardando meses en leer cinco páginas de algunas de las muchas obras poco interesantes que existen y realizando una sola representación en todo el año, que se llevó a cabo en el aula misma sin escenografía y con los diálogos por delante, ¡no fuese a darnos un ataque al corazón tras aprender algunos textos! La asignatura pasó del maravilloso panorama que ofrecía un escenario con público incluido que alabase tu trabajada actuación a una simple lectura ante la clase. Esto no sería nada para lo que me esperaría el siguiente año, o hablando en términos actuales, el año presente.
Viajando al tiempo actual, diré que nada más ver las opciones del proyecto encontré las típicas chorradas que me harían criticar la asignatura sin saber nada en profundidad acerca de las materias que ofrecía, un ejemplo de ello era tratar de colocar como opción “Plantar un huerto” o “jugar al ajedrez”, ¿realmente eran imprescindibles estas disciplinas? Decidí decantarme al final por “Iniciación a las Ciencias Sociales”, ¡realmente prometía aquella asignatura! Debía también elegir una opción que sirviese de red por si la primera fallaba por algún motivo, decidí que esta fuese “El proyecto integrado de Inglés”. Así, feliz y esperanzado, comencé el curso, no tardaría en observar que de nuevo la asignatura sería inservible.
Cuando llegó la hora de iniciar mi proyecto me sentí ilusionado, ¡iba a aprender ciencias sociales! Por desgracia, aquello era demasiado utópico en la sociedad donde vivimos. Absolutamente nadie había elegido aquella opción, y por lo tanto me vi remitido al proyecto de inglés, ¡qué decepción! No obstante, pensé que no debía amargarme, aprender idiomas siempre podía venir bien, seguro que las clases serían positivas. Fui demasiado ingenuo, pronto empezaron las lecciones y comprobé con mis ojos lo que significaría aquel año el proyecto integrado, horas y horas de repetir vocales en inglés, buscar nombres de golosinas típicas de Halloween en Internet (típico de niños de parvulario) y escuchar canciones. Una hora escuchando canciones de Michael Jackson podrían tener cualquier consecuencia excepto la que se esperaba en clase, aprender inglés. La guinda del pastel llegó al finalizar el primer trimestre, ¡suspendí el dichoso proyecto tras no haber realizado en el aula ningún examen en absoluto! ¿El motivo entonces? No entregué mi cuaderno al profesor porque él no vino a clase. Genial, ¡fantástico! ¡La educación y la relación esfuerzo-recompensa avanzan en Andalucía viento en popa! Un expediente manchado por la ineptitud del gobierno, la mala organización de los centros y la poca cualificación de los profesores.
No queda ahí la cosa, claro está, el hecho que me hizo decidir escribir todo esto fue deplorable hasta para las asignaturas más inútiles. El desarrollo de la clase había cambiado… ¿a mejor? Por supuesto que no. Ahora el objetivo que el profesor marcaría sería el de saber apreciar el guión de maravillosas películas de acción que serían visionadas en el aula. Nuestro primer film: “El ultimátum de Bourne”, una cinta en la que los protagonistas pasaban más tiempo gimiendo, disparando y quejándose que hablando en su lengua materna (que en muchos caso, era el ruso), ¡vaya forma de aprender el idioma anglosajón! Un detalle curioso es que esa película era la tercera parte de una saga entera, ¡seguro que todos comprendimos a la perfección el argumento! Patético.
Como visión final podría considerarse que en las aulas de hoy en día se permite que unos alumnos de 1º de Bachillerato desperdicien sus horas de estudio viendo películas, escuchando música y oyendo como suena la vocal “A” en otro idioma en vez de aprendiendo lo que realmente necesitarán para moverse por el mundo real, da que pensar. Si Andalucía está mal educada, no es más culpa de los educados que de los educadores.








